jueves, 15 de diciembre de 2016

Un paso a la vez.

Y fueron tantos los hechos que acontecieron en aquel tiempo del final de mi infancia, que un día impensado, los adultos de entonces decidieron mi destino sin hacer preguntas porque no tenía edad para hacerlas, solo era una niña en todo su significado, con pensamientos fantásticos irreales y lejos del alcance de los juicios ajenos a mi entender.

Ya había pasado navidad en Calchaquí. Tambien el año nuevo y Día de Reyes. Concluida mi primera etapa de preparación educativa, comenzaría en pocos meses, la segunda: Estudios secundarios ingresada como pupila en un colegio de monjas en otra ciudad: Vera.

Mamá se dedicaba a confeccionar el uniforme que debía usar para las clases, otro para las horas de descanso, y muy destacado el uniforme para los días de actos principales. ¡AH! tambien se usaba sombrero para esos días de gran protocolo de un color azul muy oscuro. El número asignado a mí fue el dieciséis; debía ser bordado en todas las prendas de mi pertenencia. Esa era la tarea en que personalmente colaboraba para preparar mi partida en el mes de Marzo. No hubo vacaciones ese año para mí.

Al comenzar las clases en el Instituto, perdería hasta mi nombre de pila, solo me llamarían ¡dieciséis...! debiendo responder. ¡presente!

Hoy comprendo tantas cosas que me fueron arrebatadas junto con mis años felices, siento en algunas oportunidades que deberíamos elegir en qué momento de nuestras vidas deberíamos quedarnos para siempre así como uno es, en mi caso particular, prefería esos años de juegos y risas, silencios nocturnos mirando las estrellas de un cielo de verano, aspirar profundo para llenar mi sueños del aroma a glicinas del patio principal, el bullicio del canto de los pájaros comunicándose entre ellos en un sin fin de gorjeos que no entendía, los comparaba con las risas nuestras cuando jugábamos a la "peste".

Aquéllos amiguitos compañeros de escuela y juegos, ya no están al alcance de mis ojos, existen en el recuerdo y quizás los traigo a mi presente escuchando alguna canción de entonces. A veces, hurgando entre los discos de mamá, puedo escuchar esta canción que ahora conozco y la historia de porqué fue escrita, cantada por su autor, no dejo de escucharla, me traslada a esa etapa de mi vida que jamás olvidaré.


La vida tiene estas cosas, añoro lo que fue, lo que en ella hubo y le digo adiós a los malos momentos que ya no volverán. Hoy cuento con el milagro de los recuerdos atesorados en la memoria de estos tiempos que tambien se irán a formar parte de algo que fue.

Amigos: ¡Felicidades!

sábado, 29 de octubre de 2016

Lo que el tiempo se llevó.

Hoy es tiempo de abandonar la nave de los recuerdos y dejarlos ir hacia el país de lo que fue. Nuevo siglo; las expectativas aumentan con la demografía y algunos misterios se develan. Pero hace mucho, mucho deambular de soles por los cielos, una geografía de colores se mezclaban ante el asombro de la belleza y la magia que nos presentaban descubrimientos increíbles, nos hacían sentir los más poderosos de la creación misma. La evolución, el perfeccionamiento de las tecnologías, el tenerlo casi todo al alcance de los ojos... sin embargo aun creemos en las historias románticas y con finales tristes de las historias de William Shakespeare
¿Recuerdan a Romeo y Julieta? Seguramente que sí. Entonces podrían quedarse algunos hechos actuales como recordatorios de lo que hoy somos para los futuros jóvenes que viven con tanta rapidez que no recuerdan su infancia. 

Hoy no se enfrentan familias contra otras, como en la novela, el enfrentamiento está dentro de cada uno y es tan difícil darse cuenta para muchos, y se pierden el momento justo de conocer la oportunidad de ser feliz. Porque ésta amigo, la felicidad radica aquí: en el pensamiento, donde se le da la forma que deseamos que tenga, que dure todo el tiempo que queramos, si la perdemos, no debemos titubear en buscarla, recuerden que la pista está dentro, no en el exterior y se la llevó otro.
Algún día les contaré quién fue "El señor otro". En estos momentos, mi mente se dispersa entre tantos hechos simultáneos y desagradables, que trato de ordenarlos cuidadosamente dentro del espacio que me regala el tiempo, porque pronto todo será un retrato olvidado.
Les deseo una excelente jornada.

sábado, 15 de octubre de 2016

Día de la vida.

De todos los misterios que nos rodean, hacemos de nuestro diario vivir una creación de fuerza y energías dignas de merecerlas. Eso somos, como seres vivos, con toda la concepción que tenemos sobre tabúes y rebeldías. Es mañana domingo, "El día de la madre" aquí en Argentina. Sí el día de...

El amor más grande.
Madres de todos los colores, de todas las etnias, un día en el cual todas son unificadas por serlo. Un sentimiento en común: EL AMOR. Día de homenajes, de reuniones familiares, de regalos sonrisas por doquier, de expresar veneración hacia ellas y muchos despliegues de amor y lo que no falta es justamente ¡La competencia entre los hijos! Bueno, algo así como quién quiere más a mamá y toda la historia adjunta. Es una buena ocasión para esto o aquéllo... Hay mamás de  todas las edades, las más jovencitas que parecen aún jugar con una muñeca que con un hijo, la que parece tener un nietito porque justamente lo tuvo siendo algo mayor, (para las "malas lenguas") Porque mayor para algunas chicas es tener algo así como de ... mmmmm a ver.. ¡treinta años! Ay queridas mías, si es tan hermoso dar vida a cualquier edad, claro que los papás son los que sufren un poquito cuando deben responder por los pedidos de los hijos: ¡papá dame para el regalo! Y así.
Me ponen feliz ver a las mamis paseando con sus bebés, tienen ese no sé qué, diría mi abuelo, y según lo veo, es para mí el más grande orgullo de una mujer. 
Es por ello que les rindo homenaje merecido a todas, sin excepción porque son inigualables, es un título que ejercerán por el resto de sus vidas. 
¡FELIZ DÍA MAMÁS!
Se los desea de corazón:
Yolanda.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Cuando el dolor tocó a mi puerta.

La vida, ese misterio con todos sus interrogantes, en algún momento avasalló mi existencia dejándome en el más inmenso mar solitario, desprovista de recursos para responderlos.
Todo se supera.
 Fue entonces, cuando creía que no podría afrontarlo, escribí en alguna parte lo siguiente:

La búsqueda.

Qué vacío había quedado  mi corazón. Tanto te busqué, por años en los recónditos misterios de preguntas sin respuestas; en mi memoria infantil, en mis solitarios juegos a “la casita”; en el horizonte del llano sin futuro; en la edad de no entender la ausencia del abrazo, mucho menos al oír la palabra “señorita”, apenas con un  puñadito de años que aparecieron trayendo más incógnitas. Te busqué… una larga búsqueda la cual me llevó a crearte en mi mente, más se convirtió en algo inalcanzable. Creciste en ella con toda la magnitud de una necesidad imperiosa hacia donde depositar la mirada. Te busqué en el espacio, en los cielos de los dioses, en el cielo de un dios, en las nubes con formas insólitas, te busqué  en al calor del sol de algún verano en la provincia, te busqué…
No te hallé en mis despojadas noches de cobijo; ni en las navidades inexplicables sin ti. No te hallé en mis pensamientos cuando hurgaba en los recuerdos. Mas un día caminando por la playa de un mar cualquiera, en solo un instante en el cual el universo se detuvo, con mis pies sumergidos en el agua descubrí una caracola brillante que me tentó poseerla; me incliné a recogerla y de pronto… apareció en lo profundo, el rostro imaginado tantas veces y...  ¡Te vi! ¡OH mi Dios! Estuviste todo el tiempo conmigo, que por mirar a otros puntos no lo supe. ¡Tú en mí… Madre! 
La búsqueda concluyó, desde entonces mi corazón se llenó de amor.

No existen las pérdidas si lo que amas está en tu recuerdo. Eso lo aprendí en todos los tiempos que me tocó resolver la ausencia de lo amado, cuesta  trasladar lo visible a lo invisible; no deja de ser si los ojos  físicos no pueden ver.
Todo el tiempo están allí en un descuido, en las cosas inimaginables: un perfume, un aroma especial que escapa de la cocina, una pieza musical, un poema escrito, una mirada extraña, una vidriera. Día por día un latido y todo está dicho.
Gracias amigos por comprender.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

La reina de la primavera en Calchaquí, hace tiempo...

A un costado de la ruta 11.

Volviendo a aquél mes de Septiembre en Calchaquí, a mediados del mismo, seguían los preparativos para el festejo y además la elección de la reina de la primavera. En esa zona de la provincia, se habían radicado mucho tiempo atrás, inmigrantes generalmente suizos, rusos, españoles, italianos, franceses, que se dedicaban a la agricultura, ganadería y diversos oficios. Transcurrieron varias generaciones desde entonces. Hago esta salvedad, porque en el conjunto de señoritas candidatas a ser preseleccionadas, la belleza de cada una hacía difícil predecir quién sería la favorita, también en todos los aspectos que la harían digna de recibir tal honor: las distinguían su conducta ejemplar en todos los ámbitos, generosa con los demás, ayudar desinteresadamente a quiénes necesitaban ayuda de todo tipo. Destacarse por sus buenos modales, ser una excelente estudiante si tenía la fortuna de serlo, no había inconvenientes, por ser así formada cada una de las jóvenes desde la más corta edad, no importara la clase social, desde el hogar, pasando por la escuela primaria, tomando el ejemplo de los adultos que con su actitud correcta daban clase de comportamiento social solo eso les permitía reunir los requisitos.  

La selección estaba a cargo de la Comisión de damas del club, tenían la ardua tarea de entrevistar a las chicas en sus domicilios, lo analizaban todo, aun las actitudes que mostraban ante las damas visitantes. En aquéllos tiempos, lo que daba distinción a una persona, era su lenguaje, cuanto más amplia y variada la selección de palabras, decían mucho del nivel cultural de las personas. Una de las costumbres predilectas familiares, era la lectura, con horarios especiales para hacerlo. En general solo describo un panorama de costumbres de los tiempos donde la familia era toda una Institución.

¡LLEGÓ POR FIN EL DÍA DE LA PRIMAVERA!

Muy interesante ver el movimiento de la gente caminando rumbo al club vestidos con sus mejores galas. La noche regaló una cálida cobertura de primavera recién nacida. En la puerta de entrada al edificio estaban algunos señores de la comisión recibiendo a los invitados, dentro del local, en la gran pista exterior las damas ubicaban a las personas alrededor de mesas redondas, cubiertas con blancos manteles bordados a mano. Cuando todo estaba listo, hacían su entrada las candidatas anunciadas por el locutor elegido. Naturalmente, una orquesta contratada, ejecutaba música suave para ambientar la cena. Luego se procedía al desfile de las chicas, todas vestidas de color blanco, sus trajes largos, amplios, manos cubiertas con guantes también de ese color, llevando una rosa roja, peinadas prolijamente, con un andar de verdaderas princesas; toda la femineidad puesta en cada sonrisa delicada que marcaba su personalidad.
Y fue la elección, la misma recayó en una jovencita de condición humilde, quien estudiaba en el colegio profesional de mujeres, además de dedicarse a coser ropa para los niños más humildes de la escuela. Su papá trabajaba en el campo cuidando animales, la mamá se dedicaba a los trabajos domésticos  y a cuidar a sus hermanitos menores, cinco en total. En la casa había una máquina de coser que le había regalado su “Patrona”. Fue un gran orgullo enterarse de la coronación de su hija.
Rosaura García, no me olvidé jamás de su nombre, bellísima y muy querida por todos. Recibió como premio una beca para estudiar en el Instituto de “La inmaculada Concepción” de la ciudad de Vera. El título a obtener era el de maestra normal.  Con el tiempo supe que sí se recibió. Ejerció en el mismo pueblo, continuó estudiando en la capital asistiendo a la facultad de Derecho y hoy es una abogada que se dedica asistir a personas que no pueden contratar a nadie. 
Vive bien, feliz, tiene una hermosa familia y todo parece un cuento.  FUE REAL.

¡FELIZ PRIMAVERA PARA TODOS!


viernes, 9 de septiembre de 2016

Un evento importante en el pueblo.

   Esto ocurría todos los años entre otros acontecimientos sociales: festejar la llegada de la primavera. No era una fecha más como en la actualidad, todo lo contrario, el pueblo se preparaba para esta gala: 21 de Septiembre, significaba nada menos el comienzo de la vida; la misma naturaleza indicaba ese inevitable hecho: aparecían los primeros brotes por doquier, sumado al aroma de las flores, en particular el de los azahares; la competencia entre las amas de casa, había comenzado, el objetivo era lograr el jardín... La plaza, única, bien cuidada renacía esplendorosamente para continuar con la calificación de la mejor de la zona norte de la provincia, bueno, eso decían muchas personas que viajaban a otros lugares o quienes la visitaban específicamente para corroborar... en fin.
   Los días ya eran más largos, el sol regalaba temperaturas cálidas y las aves interpretaban con su trinar, melodías en todos los tonos que solo ellas comprendían; las chicas quinceañeras, emocionadas hacían preguntas a las señoritas que ya habían vivido la fiesta el año anterior. Se trataba de EL GRAN BAILE  en el club social y, como diría Doña Cele, solo para los socios. 
   Los preparativos comenzaban desde la primera semana del mes, en la mayoría de los hogares las damas elegían modelos de vestidos de noche elegantes, en los catálogos especializados en moda. Respecto a la vestimenta  para los jóvenes, debían lucir trajes, (lo que en protocolo social de aquel entonces era obligatorio), tenía una gran importancia, ellos harían su debut en sociedad. Quienes habían cumplido los dieciocho, se sentirían orgullosos de tener la oportunidad de estrenar traje, sí, el primer traje, con corbata, zapatos brillosos, negros o marrones, clásicos, se comprarían en Santa Fe, la capital.  Mi papá encargó a la joyería para mi hermano mayor, los gemelos de oro con las iniciales grabadas para los puños de la camisa blanca que luciría. (Es que ya había cumplido la mayoría de edad). Ni qué decirles del vestido de noche que mamá se hacía confeccionar con la modista de alta costura: Doña Ina Alarcón,  a quien ese acontecimiento le proporcionaba muchísimo trabajo.
   Aquel día Viernes por la tarde, cuando mamá me mostró la revista de modas para que eligiese un modelo, me emocioné, era la primera vez que podía elegir, el ofrecimiento me indicó la llegada a la pre-adolescencia. Menciono este momento por ser único en la que creía todavía era niñita y podía aun jugar a las muñecas; aunque no podía saberlo entonces pues sería mi última asistencia a esa fiesta tan importante.
El gran descubrimiento.
   En la próxima les seguiré contando cómo fue la gran gala de aquel 21 de Septiembre guardado en mis recuerdos y mostrar un poquito las cosas olvidadas...
Gracias.
Un abrazo

sábado, 3 de septiembre de 2016

El Cristal.

Había llegado la noche tímidamente sobre el cielo de Calchaquí. Casi no nos dimos cuenta por el movimiento dentro de la casa, mucho por hacer; al día siguiente, Domingo iríamos varias familias a disfrutar de las aguas cristalinas de la laguna que quedaba bastante lejos del pueblo. Previo permiso de los dueños de los campos que se debían cruzar para llegar. Era costumbre preparar las moneditas para regalarle al chico que abriría las tranqueras, cuatro en total. El camino no estaba en muy buenas condiciones, en el campo solo eran huellas dejadas por los carros. En nuestros pensamientos pedíamos por una jornada plena de sol, de lo contrario se suspendería el hermoso paseo programado, ya que ocurría muy de vez en cuando en los meses de vacaciones veraniegas.
Las familias invitadas eran tres: Cifre, Rossini, Baroni. Los más allegados a papá. El transporte aportado para la ocasión, ya estaba estacionado frente a la casa de Don Cifre, ¡Un enorme camión! a nuestros ojos parecía una nave espacial, como ésas que veíamos en las revistas de historietas, (Las que compraba mi hermano mayor que ya tenía doce y las escondía, pero las encontrábamos igual). Todo estaba listo, así que nos fuimos a "tomar el fresco" al patio enorme desprovisto de árboles bien regadito y barrido para las reposeras donde nos acostábamos un par de horitas, según las reglas establecidas por el jefe de la familia. La noche nos invitaba a buscar el sueño, así llegaba más pronto el amanecer.
¡Llegó la hora! Arriba todo el mundo! ordenó mi papá. Rápidamente estábamos listos, la reunión de todas las personas fue en la esquina, el cielo todavía tenía el color azul oscuro, aunque no faltaba tanto para que aclarara, el destino final quedaba muy lejos por ello debíamos salir muy temprano.
En aquel entonces las distancias en el campo se medían en "Leguas", no recuerdo muy bien cuántos kilómetros comprendía; en fin, había que viajar durante varias horas. Todo era una algarabía, éramos muchos chicos y "barulleros" según los papás, debíamos subir al camión de a uno y en mucho orden. Los mayores se alcanzaban los bultos, ¡Cuidado! Las botellas eran de vidrio, Naranjin para los chicos, tambien "Chinchivira" (una soda azucarada), nada de alcohol, eso no estaba permitido, me refiero a bebidas para los mayores. Especial cuidado con el cajón conteniendo la carne protegida con cubos de hielo, bancos, reposeras, bolsos... en realidad, visto desde hoy, parecía una mudanza. Para el almuerzo los alimentos estaban clasificados;  fruta, pasteles, y todo los manjares que no debían faltar; había que pasar día de total esparcimiento.  ¡OH! Me olvidaba: ¡El guitarrero! Infaltable: Don García, el zapatero, muy conocido además de correcto con un repertorio variado. Al fin todo en orden, ubicados, sentados con la alegría expresada en los rostros de todos y... ¡Nos vamos! El viaje comenzó al fin.
No me detendré en la descripción de ese trayecto similar a varios que ocurrían en los veranos de mi infancia al dejar la zona urbana. Del verde de los campos se podía apreciar cuánto brillo por las huellas de rocío, se veían reflejadas por un tímido rayo de sol dando aviso de su presencia a toda la región. Cruzamos toda clase de senderos, atravesamos tranqueras y portones, el paisaje nos mostraba  una hermosa llanura  en todo su esplendor, pronto divisaríamos a lo lejos, al final del camino rural, una franja ondeada de árboles frondosos al este, muy largo en extensión casi uniendo el norte con el sur. Para entonces el día estaba presente, los rayos dorados le daban luminosidad a ese contorno natural que se agigantaba a medida que nos acercábamos,  el camino ascendía una cuesta, subíamos y subíamos e ingresábamos al bosque de cuentos..., de pronto, al llegar a la cima de esa elevación natural de terreno, aparecía ante nuestros ojos, la maravilla más hermosa que podíamos imaginar: un mágico espejo celeste confundido con el mismo cielo que se hacían uno. Al detenerse el camión, nos quedábamos en silencio contemplando esa laguna con el merecido y literal nombre llamada "El cristal".