miércoles, 21 de septiembre de 2016

La reina de la primavera en Calchaquí, hace tiempo...

A un costado de la ruta 11.

Volviendo a aquél mes de Septiembre en Calchaquí, a mediados del mismo, seguían los preparativos para el festejo y además la elección de la reina de la primavera. En esa zona de la provincia, se habían radicado mucho tiempo atrás, inmigrantes generalmente suizos, rusos, españoles, italianos, franceses, que se dedicaban a la agricultura, ganadería y diversos oficios. Transcurrieron varias generaciones desde entonces. Hago esta salvedad, porque en el conjunto de señoritas candidatas a ser preseleccionadas, la belleza de cada una hacía difícil predecir quién sería la favorita, también en todos los aspectos que la harían digna de recibir tal honor: las distinguían su conducta ejemplar en todos los ámbitos, generosa con los demás, ayudar desinteresadamente a quiénes necesitaban ayuda de todo tipo. Destacarse por sus buenos modales, ser una excelente estudiante si tenía la fortuna de serlo, no había inconvenientes, por ser así formada cada una de las jóvenes desde la más corta edad, no importara la clase social, desde el hogar, pasando por la escuela primaria, tomando el ejemplo de los adultos que con su actitud correcta daban clase de comportamiento social solo eso les permitía reunir los requisitos.  

La selección estaba a cargo de la Comisión de damas del club, tenían la ardua tarea de entrevistar a las chicas en sus domicilios, lo analizaban todo, aun las actitudes que mostraban ante las damas visitantes. En aquéllos tiempos, lo que daba distinción a una persona, era su lenguaje, cuanto más amplia y variada la selección de palabras, decían mucho del nivel cultural de las personas. Una de las costumbres predilectas familiares, era la lectura, con horarios especiales para hacerlo. En general solo describo un panorama de costumbres de los tiempos donde la familia era toda una Institución.

¡LLEGÓ POR FIN EL DÍA DE LA PRIMAVERA!

Muy interesante ver el movimiento de la gente caminando rumbo al club vestidos con sus mejores galas. La noche regaló una cálida cobertura de primavera recién nacida. En la puerta de entrada al edificio estaban algunos señores de la comisión recibiendo a los invitados, dentro del local, en la gran pista exterior las damas ubicaban a las personas alrededor de mesas redondas, cubiertas con blancos manteles bordados a mano. Cuando todo estaba listo, hacían su entrada las candidatas anunciadas por el locutor elegido. Naturalmente, una orquesta contratada, ejecutaba música suave para ambientar la cena. Luego se procedía al desfile de las chicas, todas vestidas de color blanco, sus trajes largos, amplios, manos cubiertas con guantes también de ese color, llevando una rosa roja, peinadas prolijamente, con un andar de verdaderas princesas; toda la femineidad puesta en cada sonrisa delicada que marcaba su personalidad.
Y fue la elección, la misma recayó en una jovencita de condición humilde, quien estudiaba en el colegio profesional de mujeres, además de dedicarse a coser ropa para los niños más humildes de la escuela. Su papá trabajaba en el campo cuidando animales, la mamá se dedicaba a los trabajos domésticos  y a cuidar a sus hermanitos menores, cinco en total. En la casa había una máquina de coser que le había regalado su “Patrona”. Fue un gran orgullo enterarse de la coronación de su hija.
Rosaura García, no me olvidé jamás de su nombre, bellísima y muy querida por todos. Recibió como premio una beca para estudiar en el Instituto de “La inmaculada Concepción” de la ciudad de Vera. El título a obtener era el de maestra normal.  Con el tiempo supe que sí se recibió. Ejerció en el mismo pueblo, continuó estudiando en la capital asistiendo a la facultad de Derecho y hoy es una abogada que se dedica asistir a personas que no pueden contratar a nadie. 
Vive bien, feliz, tiene una hermosa familia y todo parece un cuento.  FUE REAL.

¡FELIZ PRIMAVERA PARA TODOS!


viernes, 9 de septiembre de 2016

Un evento importante en el pueblo.

   Esto ocurría todos los años entre otros acontecimientos sociales: festejar la llegada de la primavera. No era una fecha más como en la actualidad, todo lo contrario, el pueblo se preparaba para esta gala: 21 de Septiembre, significaba nada menos el comienzo de la vida; la misma naturaleza indicaba ese inevitable hecho: aparecían los primeros brotes por doquier, sumado al aroma de las flores, en particular el de los azahares; la competencia entre las amas de casa, había comenzado, el objetivo era lograr el jardín... La plaza, única, bien cuidada renacía esplendorosamente para continuar con la calificación de la mejor de la zona norte de la provincia, bueno, eso decían muchas personas que viajaban a otros lugares o quienes la visitaban específicamente para corroborar... en fin.
   Los días ya eran más largos, el sol regalaba temperaturas cálidas y las aves interpretaban con su trinar, melodías en todos los tonos que solo ellas comprendían; las chicas quinceañeras, emocionadas hacían preguntas a las señoritas que ya habían vivido la fiesta el año anterior. Se trataba de EL GRAN BAILE  en el club social y, como diría Doña Cele, solo para los socios. 
   Los preparativos comenzaban desde la primera semana del mes, en la mayoría de los hogares las damas elegían modelos de vestidos de noche elegantes, en los catálogos especializados en moda. Respecto a la vestimenta  para los jóvenes, debían lucir trajes, (lo que en protocolo social de aquel entonces era obligatorio), tenía una gran importancia, ellos harían su debut en sociedad. Quienes habían cumplido los dieciocho, se sentirían orgullosos de tener la oportunidad de estrenar traje, sí, el primer traje, con corbata, zapatos brillosos, negros o marrones, clásicos, se comprarían en Santa Fe, la capital.  Mi papá encargó a la joyería para mi hermano mayor, los gemelos de oro con las iniciales grabadas para los puños de la camisa blanca que luciría. (Es que ya había cumplido la mayoría de edad). Ni qué decirles del vestido de noche que mamá se hacía confeccionar con la modista de alta costura: Doña Ina Alarcón,  a quien ese acontecimiento le proporcionaba muchísimo trabajo.
   Aquel día Viernes por la tarde, cuando mamá me mostró la revista de modas para que eligiese un modelo, me emocioné, era la primera vez que podía elegir, el ofrecimiento me indicó la llegada a la pre-adolescencia. Menciono este momento por ser único en la que creía todavía era niñita y podía aun jugar a las muñecas; aunque no podía saberlo entonces pues sería mi última asistencia a esa fiesta tan importante.
El gran descubrimiento.
   En la próxima les seguiré contando cómo fue la gran gala de aquel 21 de Septiembre guardado en mis recuerdos y mostrar un poquito las cosas olvidadas...
Gracias.
Un abrazo

sábado, 3 de septiembre de 2016

El Cristal.

Había llegado la noche tímidamente sobre el cielo de Calchaquí. Casi no nos dimos cuenta por el movimiento dentro de la casa, mucho por hacer; al día siguiente, Domingo iríamos varias familias a disfrutar de las aguas cristalinas de la laguna que quedaba bastante lejos del pueblo. Previo permiso de los dueños de los campos que se debían cruzar para llegar. Era costumbre preparar las moneditas para regalarle al chico que abriría las tranqueras, cuatro en total. El camino no estaba en muy buenas condiciones, en el campo solo eran huellas dejadas por los carros. En nuestros pensamientos pedíamos por una jornada plena de sol, de lo contrario se suspendería el hermoso paseo programado, ya que ocurría muy de vez en cuando en los meses de vacaciones veraniegas.
Las familias invitadas eran tres: Cifre, Rossini, Baroni. Los más allegados a papá. El transporte aportado para la ocasión, ya estaba estacionado frente a la casa de Don Cifre, ¡Un enorme camión! a nuestros ojos parecía una nave espacial, como ésas que veíamos en las revistas de historietas, (Las que compraba mi hermano mayor que ya tenía doce y las escondía, pero las encontrábamos igual). Todo estaba listo, así que nos fuimos a "tomar el fresco" al patio enorme desprovisto de árboles bien regadito y barrido para las reposeras donde nos acostábamos un par de horitas, según las reglas establecidas por el jefe de la familia. La noche nos invitaba a buscar el sueño, así llegaba más pronto el amanecer.
¡Llegó la hora! Arriba todo el mundo! ordenó mi papá. Rápidamente estábamos listos, la reunión de todas las personas fue en la esquina, el cielo todavía tenía el color azul oscuro, aunque no faltaba tanto para que aclarara, el destino final quedaba muy lejos por ello debíamos salir muy temprano.
En aquel entonces las distancias en el campo se medían en "Leguas", no recuerdo muy bien cuántos kilómetros comprendía; en fin, había que viajar durante varias horas. Todo era una algarabía, éramos muchos chicos y "barulleros" según los papás, debíamos subir al camión de a uno y en mucho orden. Los mayores se alcanzaban los bultos, ¡Cuidado! Las botellas eran de vidrio, Naranjin para los chicos, tambien "Chinchivira" (una soda azucarada), nada de alcohol, eso no estaba permitido, me refiero a bebidas para los mayores. Especial cuidado con el cajón conteniendo la carne protegida con cubos de hielo, bancos, reposeras, bolsos... en realidad, visto desde hoy, parecía una mudanza. Para el almuerzo los alimentos estaban clasificados;  fruta, pasteles, y todo los manjares que no debían faltar; había que pasar día de total esparcimiento.  ¡OH! Me olvidaba: ¡El guitarrero! Infaltable: Don García, el zapatero, muy conocido además de correcto con un repertorio variado. Al fin todo en orden, ubicados, sentados con la alegría expresada en los rostros de todos y... ¡Nos vamos! El viaje comenzó al fin.
No me detendré en la descripción de ese trayecto similar a varios que ocurrían en los veranos de mi infancia al dejar la zona urbana. Del verde de los campos se podía apreciar cuánto brillo por las huellas de rocío, se veían reflejadas por un tímido rayo de sol dando aviso de su presencia a toda la región. Cruzamos toda clase de senderos, atravesamos tranqueras y portones, el paisaje nos mostraba  una hermosa llanura  en todo su esplendor, pronto divisaríamos a lo lejos, al final del camino rural, una franja ondeada de árboles frondosos al este, muy largo en extensión casi uniendo el norte con el sur. Para entonces el día estaba presente, los rayos dorados le daban luminosidad a ese contorno natural que se agigantaba a medida que nos acercábamos,  el camino ascendía una cuesta, subíamos y subíamos e ingresábamos al bosque de cuentos..., de pronto, al llegar a la cima de esa elevación natural de terreno, aparecía ante nuestros ojos, la maravilla más hermosa que podíamos imaginar: un mágico espejo celeste confundido con el mismo cielo que se hacían uno. Al detenerse el camión, nos quedábamos en silencio contemplando esa laguna con el merecido y literal nombre llamada "El cristal".


martes, 30 de agosto de 2016

Estampas pueblerinas.

No fueron vanos mis años infantiles. Hoy rememoro aquellos tiempos cuando los padres diseñaban el camino que sus hijos debían recorrer sí o sí, prepararlos para enfrentar con sabiduría los momentos difíciles que seguramente debían vivir sea cual fuere su realidad futura. Viajar hacia el inicio de cada historia es interesante, por ello lo relato. Recuerdo algunos nombres como Don Gonzalez, ¿Recuerdan? el papá de Analía, a Don Evaristo, quien todas las mañanas de domingo caminaba por el centro de la calle de tierra, rumbo a la "Estación" de servicio donde se desempeñaba como empleado, silbando su tanguito preferido rompiendo el profundo silencio que envolvía al pueblo descansando un recreo semanal, el diario doblado prolijamente debajo de su brazo izquierdo, su saco gris, al igual que un pantalón muy bien planchado por la patrona, lo denotaba la raya del doblez, zapatos negros, gastados por el uso, pero bien lustraditos con la pomada para zapatos que compraba en el almacén de papá; el momento preciso que pasaba por el frente de nuestra casa, en el reloj de pie, sonaban las siete campanadas, una por segundo. Don Fruto, a eso de las ocho de la mañana llegaba con  su carro cargado con tachos especiales para distribuir la leche a sus clientes, casi todo el pueblo, bajaba con un tacho pequeño y un jarrito de litro que llenaba y volcaba dentro del recipiente colocado en la ventana del patio jardín. Poco a poco distintos sonidos se mezclaban en el aire y todo el vecindario cobraba vida. Llegaban las horas de sorprendernos con lo que nos regalaría otro día de sol intenso de verano en Calchaquí.

Un abrazo.

viernes, 26 de agosto de 2016

Reflexionando.

Hace un tiempo cualquiera, de ésos que no importan mucho, que surgió desde algún recóndito lugar de mi memoria, esta necesidad de contar cómo se fue construyendo  mi propia historia de vida, la cual no deja de sorprenderme cuando busco explicación a los porqué rodeando el hecho de continuar con este imperioso deseo de vivir.
Según la información que he obtenido a lo largo de mis "Mil millones de años" que llevo como ser humano, sé que nací en  un pueblito de campaña llamado Calchaquí, ubicado en la provincia de Santa Fe. Muy humilde como todos los de su género, colmado de leyendas y costumbres mezcladas con exageraciones  según relatos de los lugareños. Las diferencias con los niños de hoy, las marcadas vivencias entre las que viví y las de una niña en este siglo XXI, me hacen reconocer que fui feliz con los juegos creados a mi manera, porque se trataba de estar "ocupada" mientras los mayores se dedicaban a sus quehaceres. Tuve hermanos, digo tuve, porque ya no están conmigo, hace tanto tiempo que no los veo, pero eso pertenece a un presente que aún no tengo tiempo concedido para contarlo.
Lo que más desarrollé en mis poquitos años, fue la imaginación para decidir qué era yo, para qué estaba allí en ése momento, porqué me sentía una heroína (de héroes), y cómo había llegado a esa conclusión. Dibujaba mis pensamientos armando sin saberlo mis propios libros de lectura. Aún no había comenzado a ir a la escuela, pero recibí sí un hermoso regalo, el primero en importancia intelectual: ¡Un Diccionario! Fue mi papá. El mejor maestro que tuve.

Continuaré.


sábado, 20 de agosto de 2016

Antes que anochezca

Lo había pensado mucho, aunque las dudas seguían instaladas en los pensamientos y no lo dejaban ver con claridad, la decisión estaba tomada, ¿Sería justo? Él lo creía así. Por tanto continuó con la redacción del resumen de ese día tan particular. Estaba seguro que su contenido traería alguna polémica, como todos sus escritos, los hechos eran noticia, aunque su fuente fuera confiable, existía la posibilidad de alguna desviación de la veracidad según se mirara desde otro costado mal intencionado; son los riesgos de la profesión sentenció para sí mismo. Comenzó con la redacción escrita volcando en los textos toda su seguridad fluida y constante que tenía para comunicar el acontecimiento acaecido esa mañana; su compañero de tareas, el fotógrafo, no se sintió muy seguro, así dudando dejó sobre el escritorio la cámara y se retiró de la oficina. Miguel de Alcántara no se distrajo un segundo, su tarea había comenzado, a medida que avanzaba, todo en su mente se proyectaba en imágenes sucesivas ordenadamente para llegar al punto final. El final... eso sería un verdadero desafío; lo tendría que confirmar personalmente y solo contaba con treinta y cinco minutos para el cierre de esa edición.

miércoles, 25 de mayo de 2016

¡FIESTA PATRIA!

Sí, hoy es fiesta patria en mi amado país. Por primera vez en más de una década se puede celebrar el mismo día que figura en el calendario. No es un día para de vacaciones, no. Ya no. Hoy siento que valió la pena que aquéllos hombres de Mayo de mil ochocientos diez, lograron imponerse ante la monarquía española e instalar nuestro primer gobierno patrio. La primera Junta. 
Desde entonces todo ha sido muy difícil, pero el camino se hizo a fuerza de sacrificios múltiples, el mayor de todos la pelea atroz contra los egos de algunos hombres que se creyeron dioses del Olimpo con poderes extraordinarios desconociendo en su totalidad la finalidad de aquéllos que decidieron concluir con alguna dominación extranjera.
Vaya para todos los argentinos que se sienten hoy tales; mi saludo de compatriota con la esperanza de agigantar los lazos al mundo para compartir no solo lo necesario, sino tambien la generosidad característica   de este pueblo en los tiempos por venir.
Argentina siempre con los brazos extendidos a todo el mundo que desee habitar su suelo bendito.